Fuente: Ejército tierra Fuente: Ejército tierra Imagen de archivo - Pascua Militar 2020

La dignidad no admite excusas

Este año la conmemoración de la Pascua Militar está marcada por el COVID-19. El tener, como tenemos por nuestro desempeño a lo largo de la pandemia, la íntima satisfacción por el deber cumplido no es un motivo de alegría. No lo es porque el resto de la sociedad ha tenido que comprobar nuestras capacidades, nuestra formación, nuestra profesionalidad, nuestro sacrificio –y el de nuestras familias- en estos duros momentos. En nuestro caso, además, arrastramos problemas que no se resuelven.

El personal de las Fuerzas Armadas necesitamos urgentemente un reconocimiento profesional, lo cual implica contar con una valoración adecuada de la formación militar cursada. No tiene sentido que un militar que ingresa en un centro de enseñanza militar para mejorar de categoría tenga que cursar prácticamente lo mismo que su compañero civil que ingresa sin formación ni experiencia militar alguna. No se ha aplicado el Plan Bolonia, basado precisamente en el reconocimiento a la formación y a la experiencia, en la enseñanza militar, por mucho que en el Ministerio de Defensa se repita lo contrario. Se ha dinamitado la promoción interna para los suboficiales, lo cual constituye la prueba del algodón de que no se aplica Bolonia. Son asignaturas pendientes para prestigiar la carrera militar.

España inició hace treinta años la profesionalización de las Fuerzas Armadas, pero sigue sin reconocer la profesión y sin retribuir adecuadamente a los profesionales. El low cost no trae buenos resultados en el campo de la Defensa, ni atrae a filas a los mejores.

Todas las administraciones pagan y compensan adecuadamente a sus profesionales y para ello se destina el correspondiente dinero en los presupuestos. Además del personal de las FCSE, para el que se han destinado casi 900 millones de euros en concepto de mejora retributiva estos últimos años, las diferentes Administraciones reflejan en sus presupuestos los recursos necesarios para compensar la peligrosidad, la especial dedicación, la turnicidad y otros factores que conlleva determinada singularidad de algunos de sus servidores públicos como policías, bomberos, etc. A ninguno de ellos se le discuten unas retribuciones dignas, compensaciones por guardias y horas extraordinarias o condiciones especiales para su jubilación. Todo ello independientemente de que haya crisis económica o no, como ha quedado demostrado año tras año. En cambio, los militares somos objeto desde hace años de un auténtico ninguneo retributivo.

Los militares formamos parte de la sociedad y somos muy conscientes de la situación económica, por eso no pedimos lo imposible, sería insolidario e inmoral. También somos realistas, no podemos seguir con nuestras paupérrimas retribuciones. Por eso no cabe excusarse en la situación económica general para no empezar a solucionar nuestros graves problemas retributivos. No aceptamos como respuesta el manido “Hoy no, mañana”, porque ese mañana, para los militares, nunca llega.

El respeto y la dignidad nos obligan a insistir: es necesario empezar ya con la dignificación retributiva del personal militar, desde una posición realista y progresiva, sin maximalismos y sin demagogia. Los militares no vivimos al margen de la sociedad, somos unos profesionales más y debemos tener una carrera y unas retribuciones dignas, como todos.

¡Feliz Día de la Pascua Militar!

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