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23F: carnaval de cinismo

El 23 de febrero de 1981 las Fuerzas Armadas españolas defendieron España del ataque en el Congreso de los Diputados de un grupúsculo de nostálgicos del régimen franquista, manteniendo el orden constitucional que había nacido pocos años antes. Unas Fuerzas Armadas que, como reconocía la prensa especializada en Defensa hace pocos meses, en la gala de entrega de premios de la Asociación de Prensa de Defensa (APDEF), son la institución del Estado que más ha evolucionado y se ha adaptado a los valores constitucionales desde que entró en vigor la Constitución. En todos los planes de estudio que deben superar los alumnos de centros de enseñanza militar está incluida como materia la Constitución Española y los valores constitucionales. Los militares son los profesionales que mejor conocen la Constitución aparte de los estudiosos del Derecho. ¿Cuánta Constitución se estudia en las carreras de ciencias o en las ingenierías?

Son hechos objetivos y perfectamente contrastables, como lo son el prestigio adquirido más allá de nuestras fronteras por nuestros militares, que invariablemente vienen cosechando el reconocimiento a su profesionalidad y a su buen hacer tanto por el resto de componentes de las fuerzas internacionales en las que se integran como por los países en los que actúan. La propia población española viene siendo testigo de la brillantez con la que los hombres y mujeres de las Fuerzas Armadas han cumplido con todo lo que se les ha encomendado durante la pandemia, por penoso que fuera, desde descontaminar cárceles a custodiar y trasladar cadáveres.

Cuando las asociaciones profesionales militares estamos trasladando a la opinión pública la grave situación de nuestras retribuciones, mensaje que llevamos años comunicando a Gobiernos, Congreso y Senado sin resultado palpable alguno, casualmente los militares somos objeto de una vil campaña de descrédito. De la noche a la mañana hemos pasado de ser héroes impagables contra el COVID-19 a estar acusados de ser franquistas, fascistas, retrógrados… por el mero hecho de vestir el uniforme… y sin prueba alguna. Paradójicamente, quienes deberían preocuparse por el bienestar y las buenas condiciones de trabajo de este personal que constituye el último recurso del Estado en situaciones de crisis -poniendo incluso nuestra vida en juego- abonan las sospechas. Se crea una comisión de investigación en el Congreso para analizar la implantación de la extrema derecha en las Fuerzas Armadas y la Subsecretaría de Defensa publicó hace poco en el BOD una resolución dando instrucciones para que en la enseñanza militar se insista en los valores constitucionales. Como resultado ya tenemos a todos los militares sospechosos de fascistoides, así de sencillo. ¿Quién se va a preocupar ahora de que ese personal marcado tenga cada mes la nómina digna que merece?

¿Qué aporta la resolución sobre valores constitucionales de la Subsecretaría de Defensa? Se trata de un escrito perfectamente prescindible que no modifica nada en la enseñanza militar porque el estudio de la Constitución y de los valores constitucionales lleva cuarenta años implementándose en los centros de enseñanza militar. Prueba de eso es que, aparte de los estudiosos del Derecho, pocos españoles hay que conozcan la Constitución mejor que nuestros militares. El único resultado de esa resolución ha sido alentar el sambenito de franquistas con que se nos acusa gratuitamente.

¿Existen las casualidades? Cuando, como respuesta a la exigencia de salarios dignos, el Ministerio de Defensa ha presentado a las asociaciones profesionales un infame escrito en el que se considera como un gran aumento específico para personal militar el 0’9% de incremento de nóminas genérico para todo el personal de la Administración y en el que no se hace mención alguna de plan de dignificación sino escasas limosnas para unos pocos, no hay casualidad. Lo que hay es la evidencia de que no se tiene la más mínima voluntad en solucionar el grave problema de las retribuciones militares. Definición esta última que dio la Comisión de Defensa del Congreso en el ya lejano febrero de 2018. Para tapar las justas reivindicaciones del personal militar, que ya ha salido a la calle (“Carrera y retribuciones dignas” se pedía en las pancartas de las concentraciones del pasado 12 de diciembre) nada más efectivo que una potente cortina de humo. La cortina se ha basado en el prejuicio, en alentar el fantasma de los militares franquistas. Convertir al colectivo que hace 40 años se puso firmes al lado de la democracia para no volver atrás y paró a unos nostálgicos del antiguo régimen resulta una jugada maestra para evitar pagarle un sueldo justo y digno cada mes.

Lo triste, más triste todavía, es que hay quien siga el juego. ¿Se quiere iniciar una caza de brujas en las Fuerzas Armadas? ¿Puede el cinismo ir más lejos?

 

 

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