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Por respeto y lealtad la Subsecretaria de Defensa debería dimitir

La Asociación Profesional de Suboficiales de las Fuerzas Armadas, ASFASPRO, pide la dimisión de la subsecretaria de Defensa, Amparo Valcarce, por las manifestaciones de deslealtad y desprecio hacia el personal militar efectuadas en un encuentro con la Asociación de Periodistas de Defensa (APDEF).

MADRID, 27 de enero de 2022 El pasado 25 de enero la subsecretaria de Defensa, Amparo Valcarce, manifestó en un encuentro con la Asociación de Periodistas de Defensa (APDEF) que no se deben comparar las retribuciones del personal militar con el personal civil, pero incluso tampoco con el de otros cuerpos de seguridad, como la Guardia Civil.

Volvemos a formular la misma pregunta que hicimos en junio de 2019 a la propia ministra de Defensa: ¿Con quién se puede o se tiene que equiparar un militar?

Según la subsecretaria no podemos compararnos con los miembros de una institución de naturaleza militar, jerarquizada y armada como lo es la Guardia Civil. Además, dado que no cobramos por la prestación de guardias, la realización de horas extraordinarias, peligrosidad, penosidad, etc., tampoco podemos hacerlo con los miembros de la Policía Nacional, con los policías autonómicos o locales, bomberos, sanitarios o con cualquier otro trabajador público o privado. ¿Y entonces?

Porque lo evidente es que, al parecer, a la subsecretaria de Defensa le da igual que los miles de mujeres y hombres bajo su responsabilidad directa en materia de personal, tengan que patrullar por parajes helados, desiertos o selvas lejanas desactivando minas y artefactos explosivos o sufriendo atentados terroristas; que se vean sometidos a situaciones de fuego real tanto en su instrucción como en los despliegues en zona de operaciones; que puedan ser paracaidistas, buceadores de combate, escaladores, desactivadores de explosivos, etc.; que las autoridades civiles o militares requieran su presencia urgente en todo tipo de emergencias o catástrofes; que piloten aeronaves, que las reparen o que ejerzan como controladores aéreos; que puedan pasarse más de doscientos días al año fuera de casa navegando por todos los mares o en despliegues para garantizar la seguridad y la defensa.

Todo le da igual, hasta la verdad incómoda de que un militar puede realizar en tan solo una semana la jornada laboral real que otros servidores públicos o los trabajadores en general tienen que cumplir en un mes.

Mientras tanto, aunque ahora trate de justificar la negativa a la revisión de nuestro salario intentando confundir a los periodistas con valoraciones incompletas o sesgadas, lo cierto es que la merecida equiparación salarial de policías y guardias civiles ha producido una situación incompresible, porque cualquier recién egresado de esos cuerpos tiene ya un salario neto superior a un teniente o alférez de navío, a la práctica totalidad de los suboficiales y a toda la tropa y marinería de las Fuerzas Armadas, importante circunstancia que no se dijo en la mencionada comparecencia.

Aquí conviene recordar las palabras en el Congreso de los Diputados (27/04/2005) de José Bono siendo ministro de Defensa:

Hace falta dinero porque mientras un brigada del Ejército, con 21 años de servicio, cobre menos que un policía autonómico recién ingresado vamos por mal camino, aunque cambiemos de disco”.

En consecuencia, ahora estamos bastante peor, y cuando una autoridad ni valora ni mantiene el debido y necesario respeto y lealtad hacia sus subordinados, lo ético y lo más coherente es presentar la inmediata dimisión y dedicarse a otra cosa.

 

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