Pool Moncloa / Fernando Calvo Pool Moncloa / Fernando Calvo El presidente del Gobierno firma la nueva Directiva de Defensa Nacional

Defensa Nacional y retribuciones del personal. ¿Más palabras?

La problemática de personal se incorpora a la Directiva de Defensa Nacional. Este verano se ha promulgado por fin la nueva Directiva de Defensa Nacional que deroga la anterior de 2012. Si tenemos en cuenta que venía siendo habitual que este documento, marco general de la defensa nacional, fuera renovado a cada inicio de legislatura, es decir, cada cuatro años, nos encontramos ante una noticia importante. Efectivamente, se ha adaptado a la realidad actual incluso haciendo mención a las necesidades del personal y a la importancia de que estas estén cubiertas para que se pueda cumplir adecuadamente la misión.

Las asociaciones profesionales nos centramos en las cuestiones referentes al personal, no en balde nuestra finalidad es la promoción y defensa de los intereses profesionales, económicos y sociales del militar. Desde este punto de vista es importante que la Directiva de Defensa Nacional 2020 haya incorporado por primera vez entre las directrices de actuación: “La calidad de vida y unas condiciones de trabajo seguras y dignas para los miembros de las Fuerzas Armadas”. La importancia de estas ha sido resaltada ya tanto por el Observatorio de la Vida Militar –en su Memoria informe del año 2015- como por la Comisión de Defensa del Congreso de los Diputados en el dictamen sobre dicho informe, en 2017.

Disponer de unas condiciones de trabajo y una calidad de vida adecuadas es condición indispensable para que las Fuerzas Armadas puedan captar a “lo mejor de la sociedad […] con las aptitudes adecuadas para asimilar las capacidades necesarias para ejercer la profesión militar1.

Este mes de agosto se ha publicado la Directiva de Política de Defensa 2020 (BOD 159), que desarrolla en el ámbito del Ministerio de Defensa las directrices que emanan de la Directiva de Defensa Nacional 2020. En lo referente a personal incide en la calidad de vida, y es de destacar la claridad con la que expone uno de los principales problemas actuales de la profesión militar:

[…] un esfuerzo en formación y selección que permita cubrir cada puesto con el personal más idóneo, manteniendo la motivación profesional y la estabilidad familiar según las siguientes directrices: […] La remuneración adecuada del personal poniendo especial atención en la Tropa y Marinería y en los Suboficiales.”

Nos alegramos de este reconocimiento explícito en un documento de este nivel en el Ministerio de Defensa. Pero… ¡Ay de las adversativas!, siempre con los peros.

La toma de conciencia asumida por el Ministerio de Defensa al incluir esta directriz sobre retribuciones es bien recibida, faltaría más. Pero no podemos dejar que se convierta en un brindis al sol. Otro más. Porque si no se traslada a los presupuestos generales del Estado de nuevo estaremos igual, igual de mal. No basta si no hay hechos.

Hace ya dos años que la Comisión de Defensa del Congreso, en su dictamen de 21 de febrero de 2018 sobre la Memoria informe de 2016 del Observatorio de la Vida Militar, a propósito de las retribuciones del personal militar dejaba claro que se producían “desajustes en la gestión de complementos […] que producen agravios, e incluso renuncias de nuestros profesionales a la promoción y/o capacitación” e instaba al Gobierno a revisar algunos conceptos retributivos en los que se producía –se produce- un agravio comparativo con otros puestos de trabajo o escalas profesionales similares dentro de la Administración.

Han pasado más de dos años, no se ha hecho nada y las retribuciones siguen en la misma grave situación o peor. Por eso, hartos ya de palabras, las asociaciones profesionales ASFASPRO, AUME, ATME y UMT hemos convocado una manifestación para el sábado 19 de septiembre en Madrid bajo el lema “Menos palabras y más hechos, retribuciones dignas”.

Bienvenido sea el reconocimiento explícito en la Directiva de Defensa Nacional 2020 y en la Directiva de Política de Defensa 2020 a la necesidad de calidad de vida y retribuciones adecuadas, que atiende las reivindicaciones expresadas por las asociaciones profesionales durante los últimos años. Esperemos por fin pasar de las palabras a los hechos, no podemos permitir que sigan acumulándose elogios y reconocimientos, que no pagan facturas. Los militares profesionales necesitamos ya ver el reconocimiento plasmando en nuestra nómina. Es de justicia.

 

 

 


Observatorio de la Vida Militar, Memoria informe del año 2017, página 21.

 

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