Modificación de la Ley de la carrera militar: ¿tanto para tan poco?

01/10/2015 -

Más de siete años después de la entrada en vigor de una Ley que nunca debió haber visto la luz en los términos en los que se redactaron parte del articulado y, especialmente, algunas disposiciones transitorias, se vuelve a defraudar a los suboficiales de las Fuerzas Armadas tras la pantomima desarrollada en la Comisión de Defensa del Congreso de los Diputados para incumplir (o cumplir de aquella manera) el mandato de la Ley Orgánica 9/2011, de derechos y deberes, y finalmente no corregir ni reparar errores injustificables que provocarían sonrojo y vergüenza a cualquier autoridad civil o militar de los países de nuestro entorno.

Nos sentimos estafados y engañados por el Grupo Popular, que prometió en la legislatura pasada la modificación de la Ley de la carrera militar, que afecta tan negativamente al desarrollo y progreso profesional, a nuestra propia dignidad y a la de nuestras familias. Pero debemos recordarle también al Grupo Socialista, que si vuelven a tener la oportunidad de gobernar deben corregir los errores cometidos con una ley que ellos mismos impulsaron y aprobaron.

 

Ahora, cuando han tenido la oportunidad de propiciar –como dicen las Reales Ordenanzas– que la justicia impere en las Fuerzas Armadas, se produce un nuevo contubernio que consolida el calificativo de ciudadanos de segunda y servidores públicos de tercera, aunque nadie se atreva a pronunciarlo abiertamente.

 

Ni merecemos esa consideración ni el trato despectivo que estamos recibiendo. Pero, con sorpresa y perplejidad por nuestra parte, nos toca ser testigos de ver como se concede a unos lo que a nosotros, los suboficiales de las Fuerzas Armadas, se nos niega sistemáticamente por activa y por pasiva.

Nuestros argumentos son demoledores:

 

- Se han quebrado, especialmente en la Escala de Suboficiales, principios fundamentales en los ejércitos como los de jerarquía y antigüedad, así como los constitucionales de igualdad, mérito y capacidad, aplicando sin rigor disposiciones anómalas como la transitoria séptima o sistemas de evaluación manifiestamente mejorables que han tenido que ser parcheados una y otra vez, provocando desconcierto, desmotivación y hasta problemas psicológicos graves en una parte de los afectados.

 

 - No se afronta la singularidad de la profesión militar, ignorando las condiciones de penosidad, peligrosidad y disposición permanente para el servicio en las que se desarrolla, además de otras no menos importantes, y se mantiene una injusta e ineficaz regulación de la situación de reserva. El artículo 113 y la disposición transitoria octava de la Ley de la carrera militar provocan una absurda situación de desigualdad entre iguales, porque unos tienen que permanecer en servicio activo más años que otros para obtener lo mismo, y porque el punto 10 del artículo 113 es una auténtica sanción económica a quienes han servido más de 40 años en las Fuerzas Armadas.

 

- El actual sistema de formación del suboficial –que conlleva la superación de un plan de estudios de algunas titulaciones de Técnico Superior que no aportan absolutamente nada para potenciar y adquirir los necesarios conocimientos de la especialidad fundamental– está muy alejado de las necesidades reales de las Fuerzas Armadas. Afecta a la operatividad de las unidades y es causa de desmotivación, al abocar a los integrantes de la Escala a permanecer con la misma titulación durante toda su carrera profesional, independientemente de que superen los módulos de enseñanza de perfeccionamiento obligatorios para poder obtener especialidades complementarias o para los ascensos y segundos tramos de carrera.

 

La elaboración de un nuevo diseño es perfectamente viable y posible su configuración, como muestra, la Orden ECD/775/2015, de 29 de abril, por la que se establece la equivalencia de la formación conducente al nombramiento de Subinspector del Cuerpo Nacional de Policía al nivel académico universitario oficial de Grado, y se modifica la Orden EDU/3125/2011, de 11 de noviembre, por la que se establece la equivalencia de la formación conducente al nombramiento de Inspector del Cuerpo Nacional de Policía al nivel académico de Máster Universitario Oficial.

 

 - Aunque la enseñanza en las Fuerzas Armadas está acogida al Espacio Europeo de Educación Superior, dirigido a facilitar en materia de educación la convergencia europea, los suboficiales no tenemos una convalidación o reconocimiento efectivo de créditos ni por nuestra formación militar académica y de perfeccionamiento ni por las titulaciones de técnico superior o universitarias ni por nuestra experiencia profesional, lo que lleva a la práctica inexistencia de la promoción interna de la que tanto habla la Ley 7/2007, de 12 de abril, del Estatuto Básico del Empleado Público y que a nosotros se nos niega.

 

Sirva como ejemplo sangrante el caso de un suboficial, ingeniero técnico industrial, buen nivel de inglés, altamente especializado militarmente y con mucha experiencia profesional, que tiene como única posibilidad para poder promocionar en el propio Cuerpo General al que ya pertenece, la superación de un plan de estudios de cinco años. Exactamente lo mismo que cualquier civil o que un soldado con tan solo un año de servicio, que hayan superado recientemente la prueba de acceso a la universidad.

 

Ilógico es también mantener los límites de edad para la promoción interna a determinados cuerpos y escalas, cuando varias sentencias del Tribunal Supremo han obligado al Ministerio de Defensa a eliminar dichos límites para el personal civil de ingreso directo. Una vez más el militar profesional queda marginado ante el resto de ciudadanos.

 

Con ejemplos como estos, ninguno de los miembros de las Comisiones de Defensa del Congreso y del Senado pueden sentirse satisfechos ni dar por concluido su trabajo, porque se tenían que haber corregido y se tienen que corregir situaciones como las descritas, vergonzosas y humillantes para los que las hemos tenido que sufrir. Los señores diputados y senadores tienen que explicarnos a los miembros de las Fuerzas Armadas por qué no quieren reconocer la singularidad de la profesión militar y, sin embargo, muestran un mayor grado de sensibilidad con otros colectivos de empleados públicos.

 

A los suboficiales, los grandes perdedores de todas las reformas efectuadas desde el año 1989, deben decirnos a la cara –ya que algunos grupos políticos, especialmente el Partido Popular, no han querido recibirnos ni siquiera contestar a las muchas misivas que les enviamos– ¿por qué han permitido que durante estos últimos veinticinco años los suboficiales hayamos retrocedido a niveles preconstitucionales o de siglos anteriores? Deben justificar o aclarar las razones  que han producido el preocupante envejecimiento de la Escala, la desaparición de la promoción interna o que se haya jugado de manera imprudente con nuestra formación académica o carrera profesional, lo que ha derivado en un alto grado de desmotivación y desmoralización y ocasionado un daño irreparable a miles de mujeres y hombres.

 

ASFASPRO

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