Menos Ejército, más recortes y ¿mejor defendidos con Pedro Morenés?

18/03/2014 - El semanal digital -

Hace unas décadas el ejemplo, bueno para unos y malo para otros, era Manuel Azaña. Al ministro de Defensa de la Segunda República se le acusó de que querer "triturar" al Ejército, algo que, aunque con otra intención, de verdad sí dijo. A Pedro Morenés, ministro de Defensa de la Segunda Restauración, no se le puede reprochar haber dicho nada parecido. Otra cosa es que las reformas de ambos, desigualmente condicionadas por las crisis y por la búsqueda de una operatividad no bien definida, pueden parecerse.

Las Fuerzas Armadas de 1931 eran una ruina ineficaz. El Ejército español tenía 118.000 hombres, 21.000 jefes y oficiales y 800 generales (en realidad, la mayoría retirados y sin mando efectivo) en 16 divisiones. Acababa de vencer la sublevación en el Rif con enormes pérdidas y sólo porque Primo de Rivera modernizó medios y técnicas. Mejor la Armada, con cuadros y medios mejores gracias a Maura y a la Dictadura. Lastrados todos por un siglo sin medios y con demasiados oficiales muchos de ellos dudosamente escogidos y formados. Pero Azaña confundió la necesidad de ahorro y la de capacitación con su deseo de transformar los Ejércitos en una parte fiable de un Estado republicano profundamente ideologizado. Quizá fuese desconfianza, quizá fuese una instintiva voluntad de preferir unos Ejércitos leales (léase sumisos) antes que capaces de cumplir sus misiones.

Error sobre error, cuando el centro gobernó y Gil Robles fue ministro del ramo sus reformas (conFrancisco Franco en el Estado Mayor) fueron de maquillaje; y es algo que suele pasar con el centro en el poder, deja que la izquierda haga las grandes reformas sin consenso y luego se limita como mucho a retocar detallitos. Sin por ello ganarse a la izquierda ni corregir sus errores.

La modernización de Azaña fue, sobre todo, un recorte, pues nuevos medios no vinieron. Con el paréntesis de la Guerra Civil, España ha vivido una sucesión de reformas militares cargadas de contenido siempre político, a veces financiero y casi nunca basadas en un estudio técnico. Ley tras ley, se asignan a los Ejércitos unas misiones de rango constitucional y luego, en realidad, se les niegan los medios materiales, humanos e intelectuales para poderlas cumplir. Porque para casi todos los políticos parece que hay cosas más importantes. Hasta que vienen mal dadas.

Estamos en 2014 en lo mismo que hace un siglo: necesidades financieras y miedos políticos prevalecen sobre la operatividad. El Ejército tiene 235 carros Leopard, aunque se busca comprador para 100 de ellos que no se usan. En vez de 45 helicópteros de transporte NH-90 tendremos 22. Los buques que quedan no salen a navegar porque eso cuesta. Se desguaza el Príncipe de Asturias, en vez de modernizarlo, y se busca comprador para otros buques modernos. El Ejército de Tierra tiene sólo 650 ejercicios al año y el Ejército del Aire prevé 60.000 horas de vuelo (son necesarias 85.000 para mantener operativos a todos los pilotos) .

Se suponen 80.000 efectivos de tropa activos. Al margen de que esto parezca poco e incluso ridículo, hay unos 75.000. Y una vez más, demasiados oficiales y generales en proporción. Las unidades no salen, los buques no navegan, los aviones no vuelan, porque eso cuesta. Y porque la Defensa no es una prioridad, en modo alguno; no lo era para Zapatero, a quien aún se le cayó alguna migaja en los años de bonanza, pero tampoco lo es ahora. Una vez cerradas en lo principal las misiones internacionales, única fuente de capacitación continua y de dotación de medios en la práctica, corremos el riesgo de volver al Ejército peninsular, provinciano, de casino e incapaz, tan criticado antes. ¿Y qué haremos, cuando haya de cumplir sus misiones?

El Ejército de Tierra de Morenés, tras largo debate, ha empezado a reorganizarse pasando de diez brigadas especializadas (mecanizada, paracaidista o de montaña) a ocho Brigadas Orgánicas Polivalentes (BOP), que sumarán medios ligeros y pesados. Además, habrá algunas unidades sueltas disponibles eventualmente para formar cuarteles generales y unas Fuerzas centrales, de acción rápida y/o multiusos, equivalentes a lo que podrían ser mandos con rango de División. Detalle no menor: se reduce la presencia militar en Cataluña y el País Vasco, completamente en Álava. Y detalle curioso: el esquema Ejército territorial – Ejército operativo se parece mucho al del franquismo final, de estilo francés, con sus BRIDOT y sus Divisiones; sólo que el tamaño ahora no compensa ni remotamente la falta de medios, que vuelve con fuerza.

Hecho afirmado por todos los militares en puestos no políticos: las FAS actuales no se pueden mantener con este presupuesto. Hecho cierto derivado del anterior: conseguir que las FAS puedan cumplir sus misiones dentro y fuera de España será progresivamente más difícil y más caro. ¿Culpa de los gastos de Aznar? Digamos más bien que culpa de la mercantilización, entonces y ahora, del gasto de los Ejércitos, y de su politización. La verdadera cuestión no es ya el "buen parecer" en misiones y en la OTAN, sino ¿qué haremos y cómo si las FAS son llamadas a actuar? ¿Hay de verdad algo más importante en un Estado que quiera seguirse llamando soberano?

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