Entrevista este lunes, 12 de octubre, a la ministra de Defensa en "Herrera en COPE"

Carlos Herrera:  "¿Van a subir el sueldo a los soldados? Que cobran muy poco".

Margarita Robles, ministra de Defensa: "Pues es verdad que cobran muy poco los soldados, yo soy perfectamente consciente de ello. Por eso es tan importante, entre otras cosas, que España tenga unos presupuestos, que no estemos con unos presupuestos prorrogados.

Que muchas de las Fuerzas Políticas que hacen esa crítica y que además reclaman, y yo creo que es justo ese incremento del sueldo, son los primeros que no quiren dar un apoyo a los presupuestos. Así que ojalá tengamos pronto unos presupuestos y ojalá unas reivindicaciones que yo creo que son justas, que llevamos con un presupuesto prorrogado desde hace mucho tiempo, puedan hacerse realdiad. Y en todo caso si alguien se merece todo el agradecimiento y todo el reconocimiento son los 120.000 hombres y mujeres de nuestras Fuerzas Armadas".

El COVID-19 se ha llevado muchas cosas por delante, y una de ellas ha sido el desfile militar del 12 de octubre en Madrid. Muchos actos militares, formaciones en aniversarios, patronas, días de la unidad… han dejado de celebrarse desde que llegó la pandemia. Los compañeros caídos siempre estarán en nuestro recuerdo, y los actos ya volverán cuando se pueda, no hay problema. El orden cerrado no es precisamente la principal ocupación de nuestras Fuerzas Armadas. No debería hacer falta explicarlo a los ciudadanos, que han podido ver directamente en las calles a nuestras tropas trabajar en ocupaciones diversas, controlando y vigilando áreas, descontaminando infraestructuras, habilitando hospitales de campaña, custodiando y trasladando cadáveres… Tareas para las cuales están sobradamente preparados, además de seguir cumpliendo con otras para las que han seguido adiestrándose durante este año, como tiros con armas ligeras, fuegos de artillería… porque no lo olvidemos, nuestros ejércitos existen porque la sociedad necesita unos elementos de combate para su defensa, aunque a veces esto cae en el olvido.

Nuestras Fuerzas Armadas no son una ONG humanitaria que se dedica a repartir alimentos a poblaciones que han sufrido desgracias naturales o conflictos armados, lo cual no significa que no hayan desempeñado un importantísimo papel atendiendo a miles de personas en situaciones de crisis humanitaria, cuando había que intervenir en un ambiente en el que la violencia y la ausencia de infraestructuras y de autoridad local no permitía que estas entidades sin armas pudieran actuar sin la protección adecuada.

El pasado lunes 5 de octubre en el programa “Herrera en COPE” un periodista presentó una crónica sobre la gestión de la pandemia. Cada uno es muy libre de tener sus opiniones y de manifestarlas allá donde le den cancha, faltaría más. Pero es aconsejable hacerlo sin faltar al respeto a los demás lanzando afirmaciones gratuitas que pueden ser ofensivas. Nuestro protagonista –seguramente de manera inconsciente se atrevió a declarar públicamente a través de las ondas, en un alarde de prejuicio e ignorancia, que los militares están ociosos en los cuarteles1. Le faltó poco para llamarlos, llamarnos, vagos e inútiles, esto quedaba entre líneas.

El que se puedan producir situaciones como esta, y que ninguno de los contertulios objete al comentario, es el resultado de la desaparición de la milicia de la vida normal. Solo han quedado los tópicos. Desde la suspensión de la mili, o de la prestación del servicio militar obligatorio (seguramente habrá a quien aquel vocablo coloquial no le diga nada) los militares han desaparecido de las conversaciones familiares, y de paso han desaparecido también los uniformes de las calles de nuestros pueblos y ciudades. Desde hace décadas los militares no van de uniforme desde su domicilio hasta su lugar de trabajo (a esto también ayudaron los atentados terroristas, cierto), como siguen yendo en otros países de la OTAN. En otros países se puede uno cruzar con militares en uniforme de campaña que vuelven a casa en el ferrocarril de cercanías, como en Alemania. O patrullando armados en el metro de París, o patrullando en la operación Strade Sicure en las ciudades italianas desde el 2008. Los ciudadanos de estos países respetan y estiman a sus militares. En España….

los militares “están ociosos en los cuarteles”. Eso dicen.

El Teatro Real ha rendido homenaje este fin de semana al personal sanitario y a los cuerpos de seguridad del Estado (Policía Nacional, Protección Civil, Bomberos, SAMUR y Policía Nacional) ofreciendo entradas gratuitas a estos colectivos para que puedan acudir con sus familias a ver en el coliseo «Historia de un soldado», de Stravinski. Una vez más el trabajo del militar es impagable, desinteresado y sus familias se contagian en la desafección general en la que se ven sumergidos.

Igual que el pobre José de Stravinski el resto de los militares se ven en España cada día engañados por el Fausto Mefistófeles de los sucesivos gobiernos. José se cree todas y cada una de las promesas del diablo que le promete bienestar profesional, económico y social si acepta la promesa de mantener el honor, emplear la máxima dedicación en su trabajo, ejercerlo con profesionalidad, con responsabilidad, con absoluta aceptación del peligro y de su propia muerte como obligación inexcusable de su contrato con el Estado, renunciar a la multitud de derechos que acompañan a cualquier ciudadano, demostrar compromiso, abnegación y cumplir, en resumen, con el resto de valores que se consagran en los grimorios infernales de la fracasada Ley de la Carrera Militar y las Reales Ordenanzas.

La Comisión de Defensa del Congreso ha debatido este martes, 29 de septiembre, varias proposiciones no de Ley, entre las que destacan la relativa a la adopción de medidas para la adecuación salarial del personal de las Fuerzas Armadas y la relativa a que los enfermos de coronavirus (COVID-19) de entre los miembros de las Fuerzas Armadas que hayan participado en todo tipo de actividades de contención de la pandemia y lucha contra la misma, sean reconocidos como infectados y, en su caso, fallecidos en acto de servicio o como consecuencia del mismo.

 

ORDEN DEL DÍA

- Relativa a la adopción de medidas para la adecuación salarial del personal de las Fuerzas Armadas.

BOCG, serie D , número 49 , de 10 de Marzo de 2020  PDF
(Núm. Exp. 161/000285/0000)

La exigencia Académica para entrar en las Academias militares ha subido sin cesar desde el año 2010 en todos los Cuerpos Militares sin excepción, una progresión que, sin embargo, ha sido desigual. En los primeros años de esta última década son los Cuerpos Generales del Ejercito del Aire y de Infantería de Marina los dominadores, situación que se mantiene hasta el año 2015. La Guardia Civil estaba incluso en algún periodo por debajo del Cuerpo General de la Armada. Desde al año 2016 la situación ha cambiado siendo el Cuerpo de la Guardia Civil el que se lleva a los mejores opositores.

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Sin entrar a valorar el oportunismo, las actitudes violentas o la intención política de muchas de las acciones que se están produciendo, estamos asistiendo durante estos últimos meses a movilizaciones y protestas en casi todos los países occidentales para denunciar el racismo intrínseco puesto en evidencia en algunas actuaciones policiales que derivaron en la muerte de hombres “afroamericanos” en los Estados Unidos de América.

De manera firme y contundente, ciudadanos, deportistas, partidos políticos y muchas organizaciones civiles se manifiestan contra el racismo, la segregación, la desigualdad social o la falta de oportunidades de las minorías. En la misma línea, en España también son habituales los actos o declaraciones de representantes de grupos políticos, medios de comunicación y ciudadanos en general denunciando cualquier tipo de desigualdad de trato, xenofobia o exclusión social que sobrepasen los principios básicos de un estado de derecho o los que establece la propia Constitución Española.

Los militares estamos de enhorabuena, a las capacidades ya demostradas (descontaminación de locales, montaje de hospitales, asistencia sanitaria, traslado de cadáveres, transporte logístico, seguridad de centrales nucleares, vigilancia de fronteras…) durante los primeros meses de pandemia, dentro y fuera de la Operación Balmis, se une ahora una nueva capacidad: las Fuerzas Armadas pueden aportar en caso necesario 2.000 rastreadores para la identificación de positivos en COVID-19 que han realizado el preceptivo curso de formación1. Es una auténtica ganga para el Estado disponer de personal cualificado, versátil en capacidades de alta demanda en tiempos de crisis, disponible a cualquier hora, cualquier día de la semana todas las semanas del año, disciplinado, que cumple órdenes de forma natural… y encima barato, muy barato, puesto que es desde hace muchos años el personal peor pagado de la Administración. Así se evita tener que pagar, cuando los profesionales de la salud inciden en que “es un trabajo y como tal debe ser remunerado”2.

La tarea del rastreador no es fácil, y debe disponer de formación adecuada para poder establecer contacto –personal o telefónicamente- con personas de toda índole y condición. Debe estar preparado para comunicar con ellas e interrogarlas sobre aspectos muy personales, por lo que para tener éxito es indispensable –además de conocimientos sobre la enfermedad- una gran profesionalidad, empatía y un dominio del lenguaje que permita establecer una relación agradable y positiva entre el “interrogador” y el presunto infectado. Porque se trata de realizar un interrogatorio con resultados verdaderos, y el mero hecho de establecerlo puede ser visto, si no se realiza con tino, como algo agresivo por quien recibe la llamada. En definitiva, es un puesto de responsabilidad, de profesionalidad, que realizarán de nuevo con eficacia los militares.

El Tribunal Superior de Justicia de Madrid sentencia que el Ministerio de Defensa debe abonar la totalidad de la Indemnización por Residencia a un suboficial destinado en Ceuta durante el tiempo de disfrute de la reducción de jornada por cuidado de un hijo mayor de edad con discapacidad y necesitado de especial protección.

De este modo, el TSJM, acogiendo las tesis mantenidas por el Gabinete Jurídico de ASFASPRO reitera y mantiene su doctrina, como ya hiciera en ocasiones anteriores, con respecto a reclamaciones por cuidado de hijos menores de 12 años de otros socios de Ceuta y Melilla a los que también se les venía detrayendo durante años parte de la indemnización de residencia que cobraban.

ASFASPRO, AUME, ATME y UMT presentan queja al Defensor del Pueblo para instar al Gobierno a ejecutar la actualización de las paupérrimas retribuciones de los miembros de las Fuerzas Armadas, dignificándolos, en consonancia por lo señalado por los grupos parlamentarios en el Congreso.

El personal militar está harto de que su trabajo y profesionalidad, que conllevan grandes sacrificios personales y familiares, junto a una disponibilidad permanente para el servicio, no tengan un reflejo justo en sus retribuciones. Las asociaciones profesionales, que los representan, se sienten ninguneadas y engañadas desde la propia cúpula ministerial.

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