El presidente del Gobierno pide a los empresarios que paguen más a los trabajadores, pero no predica con el ejemplo pagando más a sus propios trabajadores de las Fuerzas Armadas, quienes están presentes sacrificándose por sus conciudadanos en todas y cada una de las crisis que se vienen sucediendo.
Esta semana el Gobierno ha acordado subir el salario mínimo interprofesional (SMI) a 1221 euros brutos mensuales. En el acto de presentación del acuerdo, el presidente del Gobierno dijo una frase que ha hecho correr ríos de tinta: venía a pedir “que los empresarios paguen más”.
Siendo como somos profesionales que trabajan mucho (que se lo preguntes a los miles y miles de ciudadanos a quienes los militares auxiliamos en cada crisis, ayer en incendios, anteayer en la dana, antes en la pandemia, ahora en las inundaciones de la serie de borrascas… y mañana en lo que venga), vemos bien el aumento en el SMI, un trabajador debe disponer de un sueldo digno que le permita mantener a la familia. Lo que no acabamos de entender es que por pocos euros más un soldado español está obligado a arriesgar su vida en cumplimiento de su misión en cualquier lugar del mundo al que sea enviado de hoy para mañana. Disponibilidad permanente a la que estamos sujetos.
El Gobierno sabe, o debería saber porque llevamos mucho tiempo manifestándolo, que los miembros de las Fuerzas Armadas cobramos poco, muy poco si lo comparamos con lo que se nos exige, y que se nos niega la consideración de profesión de riesgo. Será porque en lugar de con armas y explosivos trabajamos con papeles y con plastilina.
También sabe el Gobierno, o debería saberlo, que esas malas retribuciones han conducido a tener unas Fuerzas Armadas menguantes en personal, porque la ministra de Defensa es incapaz de dotar de atractivo a la profesión militar y no se cubren las plazas convocadas. Paradójicamente, se anuncia la compra de barcos, aviones… sin problema alguno en aprobar partidas milmillonarias para la industria militar mientras no se dedica una mínima parte al personal (ya no solo las paupérrimas nóminas, también ha habido problemas de abastecimiento de uniformidad…). Comprar y comprar, ¿para justificar qué? Derroche en equipos y material, en un principio necesarios, que quedarán de exposición o en un almacén porque no habrá suficiente personal para poder utilizarlos.
Como “empresario” o responsables de la empresa pública de las Fuerzas Armadas, el señor presidente del Gobierno debería hacer pedagogía para que los empresarios civiles sigan su acción. Lo tiene muy fácil para enseñarles el camino: dotar a las Fuerzas Armadas de unas nóminas dignas del trabajo desempeñado. Es la única manera de impedir que mañana tenga muchos barcos pero a nadie que pueda tripularlos.