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Fuerzas Armadas ¿bien pagadas?

06/02/2017 -

Los presupuestos del Ministerio de Defensa del año 2016 fueron criticados, entre otros asuntos, por destinar en torno al 75% a gastos de personal. Por otro lado, se coincide en el Congreso de los Diputados en la justa demanda de la Guardia Civil en su equiparación salarial con el Cuerpo Nacional de Policía.

En relación a las Fuerzas Armadas, algunos se quedan con datos simples como que un soldado o marinero temporal cobra anualmente un mínimo de 15.546,40€  brutos mientras que el General de Ejército Jefe de Estado Mayor del Ejército se embolsa 98.436,49€  brutos. Un ratio de 6,33 veces más, llegando hasta 7,79 veces en el caso del Almirante General Jefe de Estado Mayor de la Defensa. Sin embargo, es poco conocido que un Mosso d´esquadra de la Generalitat de Cataluña gana más que muchos comandantes de las Fuerzas Armadas o las grandes diferencias retributivas con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

En los cálculos de los gráficos siguientes no se han incluido trienios, componentes singulares del complemento específico, ayudas para vestuario ni complementos de dedicación especial o productividad.

 

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La inclusión en los gráficos anteriores de los componentes singulares del complemento específico, caballo de batalla de la equiparación reclamada por los miembros de la Guardia Civil, nos llevarían a concluir que las diferencias son aún más acusadas: 

 

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Una vez más han vuelto a caer en saco roto aquellas palabras que, en el año 2002, en forma de epístola, nos hicieron llegar a todos los militares los ministros de turno de defensa y de administraciones públicas:

“Con respecto al personal de las Fuerzas Armadas, es preocupación constante del Gobierno lograr que el militar tenga una retribución justa, equitativa y acorde a la preparación, la responsabilidad y entrega absoluta que su quehacer profesional exige, fijada la analogía con los criterios que rigen en la Administración Civil del Estado y teniendo en cuenta las peculiaridades de la carrera militar, como se proclama en las Reales Ordenanzas.”

Más allá de la aparente preocupación de toda la clase política, y de la sociedad civil, por el bienestar y el futuro profesional de los militares; y de los manidos reproches por las muertes o accidentes producidos en acto de servicio o en zona de operaciones, está la cruda realidad que vivimos los únicos empleados públicos que tenemos la obligación de ofrecer la vida en el cumplimiento del deber y disponibilidad permanente para el servicio. Lamentablemente, este sacrificio no se ve valorado ni recompensado de forma adecuada sino que el militar está en el furgón de cola en un aspecto tan objetivo y constatable como es el de las retribuciones.