La Seguridad y la Defensa, ausentes en la Campaña Electoral

28/05/2014 - Infodefensa.com - Durante la campaña electoral previa a las elecciones al Parlamento europeo que se celebraron el pasado domingo no hemos asistido precisamente a un debate de altura. Con cierto asombro los ciudadanos españoles hemos presenciado diferentes discusiones que algunos analistas políticos han calificado de pueriles y alejadas de debates en profundidad.

Entre los grandes temas ausentes en el debate que se ha planteado ante la opinión pública ha figurado el de la seguridad y la defensa europeas, aunque las elecciones se han celebrado en unos momentos en los que crisis como la de Ucrania hubieran justificado una mayor atención a este aspecto, y precisamente coincidiendo en fecha con unas elecciones presidenciales en ese país que pueden tener trascendencia para la seguridad europea.

El reconocimiento de la importancia de la Defensa de Europa realizado en el Consejo Europeo de diciembre de 2013 no se ha trasladado a la campaña. En el plano nacional, la resolución adoptada en el Congreso tras el debate sobre el estado de la nación de febrero, manifestando la necesidad de impulsar el desarrollo de la política europea de seguridad y defensa tampoco se ha reflejado en las intervenciones de los diferentes candidatos.

Sin embargo, con mayor o menor profusión, los programas presentados por la mayoría de los partidos contienen algunos puntos en relación con la seguridad y la defensa que merecen un análisis.

Hemos observado algún “verso suelto” a cargo de coaliciones con implantación nacional que planteaban discursos que pueden resultar anacrónicos en relación a, por ejemplo, la necesidad de cambiar la “orientación de los recursos de I+D a aplicaciones civiles, descartando el modelo de desarrollo vía innovación militar” o la “aprobación de una ley Europea de Objeción Científica que legalice la oposición de los científicos a trabajar en programas de Defensa militar”, y que abiertamente citaban la necesidad de impulsar inversiones en determinadas políticas en detrimento de “otros capítulos presupuestarios menos importantes (defensa) para la investigación, sensibilización o la adecuación ecológica de algunas actividades económicas”.

En el otro extremo, un partido de los calificados minoritarios, ha dedicado una parte importante de su programa electoral a la necesidad de “impulsar una verdadera política exterior común de la UE apoyada en una política común de defensa”, planteando propuestas concretas en relación con el desarrollo común de capacidades, creación de estructuras militares específicas o empleo de fuerzas, que apuntan hacia un ideal de Fuerzas Armadas de la Unión Europea y que hoy en día puede resultar utópico. Este partido minoritario ha sido el único que ha hecho referencia en su programa a la capacidad de combate de los Ejércitos y al impacto sobre ella de la disminución de los presupuestos de defensa, una situación que es generalizada en toda Europa.

En el medio de ambas posiciones los dos grandes partidos nacionales han presentado, uno con algo más de detalle que otro, pero manteniendo básicamente la misma línea, algunas ideas que básicamente enmarcan la defensa europea en los ámbitos más generales de acción exterior y seguridad. Ambos reconocen que la política común de seguridad y defensa debe ser uno de los pilares básicos de la política comunitaria, aunque lo sitúan en un orden de importancia inferior al de otras políticas. De igual manera plantean que la defensa es una de las partes sobre las que debe basarse la acción exterior de la UE y que es necesario revisar la Estrategia de Seguridad Europea para hacer frente a retos de seguridad general. En ese marco solo se realiza una vaga referencia a la necesidad de impulsar el  “incremento en las capacidades de defensa y el fortalecimiento de la industria europea en este sector”.

La revisión de los programas de los partidos españoles de cara a las elecciones al Parlamento europeo en tema de defensa ratifica que, a pesar de declaraciones políticas más o menos grandilocuentes, la política común de seguridad y defensa seguirá teniendo una importancia relativamente baja en el conjunto de la Unión. El nivel de influencia europeo en la esfera internacional estará condicionado a la voluntad de los “grandes” y no por una actuación realmente común. Se confirma una tendencia a ligar la defensa europea al ámbito general de la seguridad en el que los papeles de los Ministerios de Defensa quedarán subordinados no sólo a los de Exteriores sino también a los de Interior. Las amenazas tradicionales de carácter militar no parecen constituir una preocupación especial frente a nuevos riesgos como los derivados de la ciberseguridad o el terrorismo. La capacidad para hacer frente, por tanto, a situaciones de riesgo clásico queda políticamente relegada, por lo que habrá que asumir un nivel de influencia europeo menor, incluso en nuestro entorno geográfico más inmediato.

Esta tendencia podrá tener importantes consecuencias para la determinación de las capacidades militares necesarias en Europa y para un sector industrial que deberá continuar su proceso de reorientación desde la defensa a la seguridad. La capacidad de actuación europea se planteará, por tanto, en un marco político con un nivel de ambición restringido, con las consiguientes implicaciones tecnológicas, industriales y militares y que limitarán la libertad de acción global de la Unión Europea para afrontar el escenario estratégico futuro.

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