Las secuelas de una batalla en Irak dejan fuera del Ejército a tres extremeños

26/10/2014 - hoy.es -

Hay tres militares extremeños que tienen una fecha grabada en su memoria: 4 de abril de 2004. Ese día se vivió uno de los episodios más violentos de cuantos haya afrontado el Ejército Español en el exterior en los últimos años, al menos de los que han salido a la luz pública. Y esa tarde supuso también el principio del fin de la carrera militar de tres miembros de la Brigada Mecanizada Extremadura (BRIMZ) XI, con sede en Bótoa, al lado de Badajoz.

Aquella mañana de hace una década, los tres participaron en la batalla de Najaf, un suceso digno del cine bélico, que les procuró más palmadas en la espalda de las que hubieran recibido hasta entonces por sus méritos profesionales, pero que ha acabado por sacarles de las Fuerzas Armadas. Están fuera, de baja permanente. Jubilados de forma anticipada.

La causa es la misma en los tres casos: sus facultades psicofísicas son incompatibles con el ejercicio de su profesión. Así lo dictaminó el Ministerio de Defensa en los respectivos informes. En los tres se dejaba constancia de que a juicio del tribunal médico que les había examinado, ninguno de ellos era apto para seguir prestando el servicio, por lo que causaban baja definitiva en las Fuerzas Armadas.

 El dictamen añadía una cuestión capital en este caso: la causa de sus mermadas condiciones no era aquella batalla en Irak. Se trataba, en consecuencia, de una baja concedida por motivos ajenos a los actos del servicio.

Esto último explica por qué los tres extremeños tomaron la decisión de llevar el asunto a la justicia civil. Que el motivo de la baja sea o no un acto de servicio determina que se cobre una pensión normal o una extraordinaria. Y la diferencia de importe entre una y otra acostumbra a ser muy importante.

En uno de los casos, no fue necesario finalmente llegar a los tribunales, ya que se solucionó reclamando al Ministerio de Defensa –a través de lo que técnicamente se denomina un recurso potestativo de reposición– , que cambió el criterio inicial del tribunal médico y accedió a que la baja se asociara al acto de servicio. En este caso, un episodio extraordinario en sentido literal, alejado de la rutina habitual de un militar español en misión de paz en el extranjero.

Mil extremeños en el país

A eso habían acudido a Irak los tres extremeños junto a sus compañeros de la BRIMZ XI. A priori, la tarea del contingente pasaba por contribuir al mantenimiento de una situación de relativa tranquilidad, formar a los militares iraquíes y ayudar a la reconstrucción de la zona. Un trabajo en manos de un dispositivo formado por 1.200 profesionales, de los que unos mil de ellos eran extremeños, repartidos entre las bases de Diwanija y Najaf. «La cosa está bastante bien, con tranquilidad absoluta», resumía a HOY por teléfono el 8 de febrero de ese año uno de los militares de la región destacados en Diwanija. Pero dos meses después y a unos kilómetros de allí, en Najaf, la realidad era otra.

Hacía tiempo que a los mandos les preocupaba el ambiente en torno a la base Al Ándalus, donde estaba acuartelados unos doscientos militares. En torno al mediodía del 4 de abril de 2004, «empiezan a concentrarse grupos de civiles armados entre los manifestantes cerca de la base española», contaba el periodista Javier Fernández Arribas en un reportaje publicado en estas mismas páginas el 9 de junio del año pasado. «El sargento Vergara –continuaba el relato–, con el cabo primero Molero y los soldados San José e Isidro, da la señal de alarma. Desde las azoteas de los edificios más cercanos se producen disparos contra la base, y desde el hospital, el edificio más alto de la zona, un francotirador alcanza mortalmente al capitán norteamericano Matthew Eddy. En ese momento, el Ejército del Mahdi, a las órdenes de Muqtada el Sadr, intenta tomar la base».

A partir de ahí, la situación no hizo más que complicarse. Soldados de El Salvador y de Honduras, además de policías iraquíes, quedaron acorralados por los rebeldes iraquíes, y los españoles fueron a socorrerles. Entre disparos que llegaban desde distintas direcciones, realizan varias incursiones en territorio enemigo y consiguen rescatar a 102 personas. Extraoficialmente, se informa de que la batalla dejó también entre 35 y 50 muertos, casi todos insurgentes iraquíes.

«Lo que vivieron ese día les dejó unas secuelas impresionantes», resume José Antonio Romero Porro, el abogado que ha representado a dos de los tres militares extremeños. En uno de los casos, como ya se ha mencionado, al letrado no le hizo falta llevar la reclamación a los tribunales. Su cliente, un excabo pacense, logró que el Ejército admitiera que su baja se debió a un acto de servicio.

Gracias a ello, cobra desde el año 2008 una pensión extraordinaria superior a los dos mil euros al mes, ya que en este tipo de prestaciones se tienen en cuenta no solo los años al servicio del Ejército, sino también los que le restarían hasta alcanzar la edad de jubilación. De haberse conformado con el dictamen del tribunal médico militar, le estarían pagando algo más de quinientos euros.

"Acción concreta de guerra"

En el segundo caso, Romero Porro llevó el asunto al Tribunal Superior de Justicia de Extremadura (TSJEx), y lo acompañó con un informe pericial elaborado por un especialista en psiquiatría y neurología. «En dicho informe se va explicando y analizando el porqué de una serie de contradicciones y carencias del informe pericial oficial», explica la sala de lo contencioso-administrativo en su sentencia del pasado 23 de junio.

«El perito especialista –continúa– determina de manera clara y convincente que el examinado sufre un trastorno por estrés postraumático de curso crónico, causa efecto del estresante laboral de evolución tórpida (lenta) y de relación causa efecto por acción concreta de guerra en Najaf, Irak». La Sala destaca también que el afectado no tenía antecedentes de trastornos psíquicos, y que de hecho, había pasado todos los tests médicos a los que le había sometido el Ejército durante su carrera en él. Con estos argumentos, el TSJEx anula la resolución del Ministerio de Defensa y determina que debe «reconocerse que las lesiones o enfermedad que padece se han producido en acto de servicio».

Este fallo no alude a la pensión que debe percibir el afectado, y de hecho, está por ver el modo en que se determina la ejecución de la sentencia, un extremo del que están pendientes el exmilitar y su abogado. Sí se refiere a la pensión la otra sentencia, emitida hace poco más de un mes. El fallo es idéntico al anterior, pero añade la siguiente frase: «Reconocemos el derecho a obtener la pensión o indemnización que corresponda de acuerdo con la valoración realizada por el tribunal médico». Y con ese dictamen en la mano, el exmilitar no tendría derecho a la pensión extraordinaria, ya que según el tribunal médico, su baja no se debe a un acto de servicio. «El fallo no nos satisface por este motivo», valora la abogada Belén Hernández Grajera.

A día de hoy, los tres son jubilados del Ejército. La batalla de Najaf ha acabado con su carrera militar, y durante años les ha hecho padecer los síntomas propios del ‘Síndrome del combatiente’. Entre ellos, ansiedad, depresión, insomnio, pensamientos obsesivos, pesadillas y en algún caso, problemas de alcoholismo y otras situaciones que llegaron a requerir hospitalización.

 

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