La naturaleza se empeña en mostrar a los españoles el trabajo que las Fuerzas Armadas (FAS) desarrollan en beneficio de toda la ciudadanía. Desde principios del 2020 la pandemia del COVID-19 y ahora el temporal Filomena están poniendo en valor al personal de las FAS (los paracaidistas despejando de hielo y nieve las calles de Toledo constituyen un buen ejemplo).

Esta abnegación recibe a cambio huecas palabras pero no hechos que solucionen nuestros graves problemas. Los Presupuestos Generales del Estado siguen sin contemplar medidas de calado para dignificar las “muy bajas” retribuciones del militar en activo, pese a que así las calificaba recientemente la ministra Robles.

Este año la conmemoración de la Pascua Militar está marcada por el COVID-19. El tener, como tenemos por nuestro desempeño a lo largo de la pandemia, la íntima satisfacción por el deber cumplido no es un motivo de alegría. No lo es porque el resto de la sociedad ha tenido que comprobar nuestras capacidades, nuestra formación, nuestra profesionalidad, nuestro sacrificio –y el de nuestras familias- en estos duros momentos. En nuestro caso, además, arrastramos problemas que no se resuelven.

El personal de las Fuerzas Armadas necesitamos urgentemente un reconocimiento profesional, lo cual implica contar con una valoración adecuada de la formación militar cursada. No tiene sentido que un militar que ingresa en un centro de enseñanza militar para mejorar de categoría tenga que cursar prácticamente lo mismo que su compañero civil que ingresa sin formación ni experiencia militar alguna. No se ha aplicado el Plan Bolonia, basado precisamente en el reconocimiento a la formación y a la experiencia, en la enseñanza militar, por mucho que en el Ministerio de Defensa se repita lo contrario. Se ha dinamitado la promoción interna para los suboficiales, lo cual constituye la prueba del algodón de que no se aplica Bolonia. Son asignaturas pendientes para prestigiar la carrera militar.

El pasado día 04 de diciembre se celebró el cuarto pleno ordinario del Consejo de Personal en el Ministerio de Defensa. Debido a la situación sanitaria originada por el COVID-19, se llevó a cabo en formato reducido, cinco representantes ministeriales y cinco representantes de las asociaciones con representación en el Consejo.

Presidido por la Subsecretaria de Defensa, asistieron la Directora General de Personal Militar (DIGENPER), el Director General de Reclutamiento y Enseñanza Militar (DIGEREM), los Mandos de Personal de los Ejércitos y la Armada, y cinco representantes de las asociaciones profesionales.

El ministerio presentó cinco disposiciones normativas de las que se debatieron dos. Además, se trataron 17 propuestas y varias decenas de preguntas y ruegos de las asociaciones profesionales.

ASFASPRO considera que el personal militar no puede seguir con las paupérrimas nóminas actuales, a las que la medida sobre la reserva aprobada hoy no da solución, y convoca concentraciones en varias capitales de provincia.

El anuncio de las Ministras de Defensa y de Hacienda de la eliminación del recorte retributivo que sufre el personal en reserva por el mero hecho de cumplir 63 años es un avance importante. Se trata de una reivindicación que ASFASPRO presentó en el año 2014 en el Consejo de Personal de las Fuerzas Armadas, secundada por el resto de las asociaciones profesionales y aceptada por el Ministerio de Defensa. Seis años después, este acuerdo del Consejo de Personal se transforma en una realidad.

Recientemente, ASFASPRO ha presentado demanda ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (Estrasburgo) contra con la Orden DEF/1363/2016, de 28 de julio, por la que se regulan la jornada y el régimen de horario habitual en el lugar de destino de los miembros de las Fuerzas Armadas.

Esta orden ministerial no regula correctamente el trabajo nocturno, los servicios de localización y, además, limita a 10 días el descanso adicional que compensa las actividades obligatorias que generan el exceso de jornada laboral. Esta deficiente regulación incide directamente en el derecho a la protección de la salud y a la conciliación de la vida personal con la laboral del militar, siendo contraria a lo dispuesto en el Convenio Europeo de Derechos Humanos y en la Directiva 2003/88/CE sobre la ordenación del tiempo de trabajo.

El día 11 del 11 del 2020 se celebró la onomástica del soldado San Martín. Este mismo día se anunció que miles de policías y guardias civiles cobrarán con efectividad del uno de noviembre toda la equiparación salarial. En tres años, los miembros de estos Cuerpos de Seguridad del Estado sumarán a sus nóminas 831 millones de euros en conjunto. ¿Y para las Fuerzas Armadas? 24,4€ para el soldado. Pero hablemos de Martin y su significado.

“Martín Martín” es una expresión que deriva del mundo militar y que viene a completar a otras mencionadas en un artículo previo que hablaba de las lustrosas lisonjas del mal pagador que el sufrido soldado recibe del Estado. Martín Martín significa pagar al contado, pero su origen no escapa a ninguno, que tiene otro significado a partir del juego de palabras del sinónimo Martín: el de “al soldado dinero a tocateja”.

Han pasado ya tres lustros desde que se revisaran los salarios del militar, tras la llamada de socorro del entonces ministro José Bono pidiendo ayuda al legislativo para sacar al militar de una situación escandalosa. Ese término, lustro, junto con el salario, define como nada al militar. El salario, como ya es bien conocido, es un término que deriva del latín salarium, y que significa 'pago de sal' o 'por sal'. El término proviene del antiguo Imperio Romano, donde muchas veces se hacían pagos a los soldados con sal, como es el caso de los soldados que recibían pago por la protección de ésta en el trayecto de Ostia a Roma, en la conocida así como vía salaria. La sal en la antigüedad poseía un gran valor pues era una de las pocas maneras que se tenía para conservar la carne, es decir, poniéndola en salazón. No obstante, este era un pago a la desesperada, pues el pago de un servicio prestado para los romanos era el estipendio (stipendium). Tan denigrante era este pago en sal que incluso Cicerón consideraba indigno que un hombre libre viviera de un salario, pues era una forma arcaica de pagar a los esclavos o domésticos liberados por su trabajo. Los soldados profesionales recibían un pago diferente, que era el conocido como solidata, y que constituía un pago en solidus, o moneda de oro del que provienen los términos de soldado y soldada, siendo la segunda el oro que se pagaba al primero. En pocas palabras, dinero de verdad contante y sonante.

El gabinete jurídico de ASFASPRO ha elaborado la siguiente instancia para solicitar por conducto reglamentario la medalla conmemorativa de la Operación Balmis de acuerdo al Real Decreto 701/2020, de 28 de julio, por el que se crea dicha medalla para reconocer al personal participante en la lucha contra el COVID-19.

Entrevista este lunes, 12 de octubre, a la ministra de Defensa en "Herrera en COPE"

Carlos Herrera:  "¿Van a subir el sueldo a los soldados? Que cobran muy poco".

Margarita Robles, ministra de Defensa: "Pues es verdad que cobran muy poco los soldados, yo soy perfectamente consciente de ello. Por eso es tan importante, entre otras cosas, que España tenga unos presupuestos, que no estemos con unos presupuestos prorrogados.

Que muchas de las Fuerzas Políticas que hacen esa crítica y que además reclaman, y yo creo que es justo ese incremento del sueldo, son los primeros que no quiren dar un apoyo a los presupuestos. Así que ojalá tengamos pronto unos presupuestos y ojalá unas reivindicaciones que yo creo que son justas, que llevamos con un presupuesto prorrogado desde hace mucho tiempo, puedan hacerse realidad. Y en todo caso si alguien se merece todo el agradecimiento y todo el reconocimiento son los 120.000 hombres y mujeres de nuestras Fuerzas Armadas".

El COVID-19 se ha llevado muchas cosas por delante, y una de ellas ha sido el desfile militar del 12 de octubre en Madrid. Muchos actos militares, formaciones en aniversarios, patronas, días de la unidad… han dejado de celebrarse desde que llegó la pandemia. Los compañeros caídos siempre estarán en nuestro recuerdo, y los actos ya volverán cuando se pueda, no hay problema. El orden cerrado no es precisamente la principal ocupación de nuestras Fuerzas Armadas. No debería hacer falta explicarlo a los ciudadanos, que han podido ver directamente en las calles a nuestras tropas trabajar en ocupaciones diversas, controlando y vigilando áreas, descontaminando infraestructuras, habilitando hospitales de campaña, custodiando y trasladando cadáveres… Tareas para las cuales están sobradamente preparados, además de seguir cumpliendo con otras para las que han seguido adiestrándose durante este año, como tiros con armas ligeras, fuegos de artillería… porque no lo olvidemos, nuestros ejércitos existen porque la sociedad necesita unos elementos de combate para su defensa, aunque a veces esto cae en el olvido.

Nuestras Fuerzas Armadas no son una ONG humanitaria que se dedica a repartir alimentos a poblaciones que han sufrido desgracias naturales o conflictos armados, lo cual no significa que no hayan desempeñado un importantísimo papel atendiendo a miles de personas en situaciones de crisis humanitaria, cuando había que intervenir en un ambiente en el que la violencia y la ausencia de infraestructuras y de autoridad local no permitía que estas entidades sin armas pudieran actuar sin la protección adecuada.

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