ASFASPRO participó en la mesa redonda celebrada el día 3 de junio con ocasión de la celebración de las jornadas DESLOCALIZANDO LA DEFENSA: POSIBILIDADES Y DESAFÍOS DE LOS EMPLAZAMIENTOS MILITARES EN ZONAS RURALES “, organizadas por la UNED-ZAMORA, con motivo de la próxima apertura de un nuevo acuartelamiento en Monte la Reina, situado en Toro (Zamora).
El representante de ASFASPRO expuso la problemática que supone para el militar y sus familias una movilidad geográfica atendida por una Ley ya anticuada y ampliamente sobrepasada que data del año 1999.
Además, advirtió que la idea de repoblación no se encuentra entre las funciones del Ministerio de Defensa definidas en la Ley de la Defensa Nacional 05/2005.
Explicó cómo será ese militar del Siglo XXI que ocupará el nuevo Acuartelamiento de Monte la Reina. Un profesional comprometido con su trabajo y con la sociedad a la que sirve, y a la vez un desconocido para los ciudadanos y encorsetado por la falta de visibilidad que ha hecho que sufra una serie de problemas (económicos, de enseñanza y de prestigio) más acusados si cabe por esa opacidad en el desempeño de sus cometidos, además del resto de problemas que puedan afectar a la sociedad civil.
También explicó la necesidad de que los movimientos de Unidades que afectan tan profundamente al militar y sus familias, sean motivados por una política de Estado y no por intereses partidistas de los diferentes partidos políticos o de las personas que los dirigen.
En el mismo sentido indicó que sólo con una sinergia entre las instituciones públicas y privadas (que inviertan en unas infraestructuras modernas y adecuadas) y las autoridades militares que hagan interesante el destino (con incentivos como el CSCE o la valoración del destino en evaluaciones, además de un ritmo de trabajo adecuado) se conseguirá el atractivo necesario para lograr el asentamiento del personal militar en esa zona.
Por último, volvió a reseñar que los militares que sean desplazados a causa de las diferentes readaptaciones orgánicas que se produzcan ni son dromomaniácos ni padecen el síndrome de Wanderlust. Son personas y son profesionales, y detrás de ellos hay unas familias que, de una manera u otra, se ven afectadas por esta movilidad geográfica mal atendida por parte de un Ministerio donde parece que, los problemas de su personal no lo son tanto o no existen, o al menos no está dispuesto a atenderlos y mucho menos solucionarlos.