Tenía que ser la dichosa Ley de la Carrera Militar

Llevamos trece años desde la infausta aplicación de la Ley de la Carrera Militar (LCM), aquella que pretendía modernizar los ejércitos y su enseñanza. Y decimos “pretendía”, porque el resultado ha sido, y a la vista está, justo el contrario.

Dentro del proceso de convergencia creciente entre los valores civiles y los valores militares, se buscaba mejorar la apreciación social de la enseñanza militar, la cual ya era internacionalmente reconocida y valorada, y para ello nada mejor que hacerlo mediante la obtención de un reconocimiento universitario.

09/05/2016 -

El Ministerio de Defensa ha difundido una publicación (FAS españolas. La profesión militar)(1) en la que publicita y vende un sistema de enseñanza militar ideal y perfecto: “La enseñanza militar es un sistema unitario, integrado en el sistema educativo general […] garantiza la continuidad del proceso educativo del alumnado”. Ahora bien, en nuestro mundo real solo atisbamos a ver algunas sombras de lo que este texto vende, pero nada más. Sorpresivamente nos encontramos con que la enseñanza militar se ha convertido en un buen ejemplo, para los estudiantes de filosofía, del mito platónico de la caverna adaptado al siglo XXI: un supuesto mundo ideal, perfecto e inalcanzable, del que sólo se visualizan las sombras proyectadas en la caverna mundana. En definitiva, un engaño.

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