Los discursos de la Pascua Militar volverán a ser grandilocuentes, pero el balance de los últimos tiempos no puede ser más descorazonador para el personal militar. Los medios de comunicación vienen destacando el protagonismo militar en la resolución de todo tipo de crisis, continuamente activados para hacer frente a nevadas, incendios, pandemia, volcán… por si faltaba algo estas navidades también formando equipos de vacunación para reforzar las actuaciones de la sanidad pública. Chicos y chicas para todo. No para todo: sí para todo sacrificio, no para recibir a cambio unas retribuciones dignas.

Los Presupuestos Generales del Estado se han aprobado sin incluir el pequeño aumento en las retribuciones militares solicitado por las asociaciones profesionales, habiéndose rechazado en Congreso y Senado las enmiendas presentadas para ello por grupos políticos de distinto signo.

El personal militar sufre explotación laboral, definida como el hecho de recibir un pago inferior al trabajo que se realiza. La situación retributiva de las Fuerzas Armadas ya fue definida como grave por el dictamen del Congreso de los Diputados en febrero de 2018 y cada vez es peor, habiendo recibido limosnas por parte del Gobierno.

No solo se le paga mucho menos que a cualquier personal que desarrolle funciones similares (controlador aéreo civil, mecánico de helicópteros, buzo… un teniente piloto de avión de caza reactor gana menos que un policía conductor de un coche patrulla…) sino que realiza centenares de horas más de las 1642 horas anuales por las que recibe su nómina el personal que trabaja para la Administración: guardias, servicios, maniobras, navegaciones, misiones en el extranjero… Centenares de horas de más que no se cobran. Esto tiene un nombre: explotación laboral.

Para el próximo pleno del Consejo de Personal, ASFASPRO ha elaborado y presentado las siguientes 6 propuestas:

 

 
 

Declaraciones del presidente de ASFASPRO, Miquel Peñarroya, a los medios de comunicación

Manifestación ASFASPRO, AUME y ATME - Retribuciones Dignas Madrid 16 de Octubre

Ciudadanos, amigos, compañeros de la familia militar, buenos días y gracias por acompañarnos.

Hace justo cuatro días los militares estábamos desfilando por la Castellana. Hoy estamos aquí sin nuestros uniformes, y hemos cambiado las armas por la pancarta, para reivindicar dignidad profesional, y esta comienza por disponer de unas retribuciones dignas.

Reclamar dinero era un tabú para los militares, pero la triste realidad de nuestras nóminas, a la cola de las del personal al servicio de la Administración, nos demuestra que no era un tabú, era dejación de funciones. Las Ordenanzas siempre han insistido en la obligación de velar por los intereses profesionales y personales de los subordinados, pero esto se ha venido entendiendo de manera equivocada. Velar por los intereses de los subordinados implica luchar porque los subordinados tengan una nómina acorde a su formación y a su desempeño. Velar por el prestigio de las Fuerzas Armadas no puede significar asumir que el militar reciba unas retribuciones muy por debajo de las que recibe el personal que realiza funciones similares.

Para el próximo pleno del Consejo de Personal, ASFASPRO ha elaborado y presentado las siguientes 6 propuestas:
 

Como en anteriores plenos, y debido a la situación sanitaria originada por el COVID-19, se celebró en formato reducido, cinco representantes ministeriales y cinco representantes de las asociaciones con representación en el Consejo. Presidido por la Subsecretaria de Defensa, asistieron la Directora General de Personal Militar (DIGENPER), el Director General de Reclutamiento y Enseñanza Militar (DIGEREM), los Mandos de Personal de los Ejércitos y la Armada, y cinco representantes de las asociaciones profesionales.

Otro pleno más en el que se aprecia la línea continuista de las autoridades ministeriales para no acometer reformas de calado en las políticas de personal que afectan muy negativamente a los miembros de las Fuerzas Armadas. Y es que el ministerio sólo acepta acuerdos relativos a “estudiar” determinadas situaciones propuestas por las asociaciones.

La Audiencia Nacional, estimando el recurso contencioso presentado por ASFASPRO, ha anulado por no ser conforme a Derecho la Directiva 4/20 del JEME “Concurso de méritos para la provisión de puestos en el Ejército de Tierra”. Además de la falta de información del proyecto normativo al Consejo de Personal el ministerio no ha seguido en absoluto el procedimiento sobre iniciación, elaboración y tramitación de los expedientes normativos.

Lo acontecido con las vacantes asignadas durante la vigencia de la Directiva 4/20 es inatacable, pero una vez que la sentencia adquiera firmeza, será nula para futuras provisiones de puestos, permaneciendo en vigor la Directiva 4/11 hasta que el ministerio no tramite y publique correctamente una nueva norma.

Hace pocos días el presidente del gobierno se refirió en una rueda de prensa a las soldadas y a los soldados. Podría haber sido una buena noticia si hubiera sido una manifestación de preocupación por la soldada que reciben los soldados, pero no era así. Lamentablemente, el lenguaje políticamente correcto le ha jugado una mala pasada al presidente del gobierno: hablaba de soldados y soldadas como si se refiera a personal militar del mismo empleo pero de distinto sexo. Resulta que la realidad no es esa y que se había colado en el discurso una ultracorrección. Un error, vamos. No había caído en la cuenta de que “en los ejércitos no hay hombres ni mujeres, hay estrellas y galones”.

No es lo mismo un o una general (sea hombre o mujer) que una generala (toque de alarma), un o una coronel que una coronela (bandera de un regimiento), un o una capitán que una capitana (la nave desde la que se comanda una flota), un o una sargento que una sargenta (alabarda que llevaba el sargento1) ni mucho menos el o la soldado que la soldada (el sueldo que percibe un militar). Y llegamos al punto que nos duele, porque el adjetivo que acompaña actualmente a la soldada es paupérrima (de pobre): los y las soldados recibimos una soldada paupérrima. Esa es la triste realidad. Y lo que debería preocupar al presidente del gobierno y a todos los ministros.

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